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"Vengo a la política para honrar el apellido de mi padre, no para hipotecar el de mis hijos."
F. Randazzo

lunes, 25 de julio de 2011

¿Sarmiento estanciero?

Por Yamila Mendoza

Hace pocos días el presidente de la Sociedad Rural pidió recordar a Sarmiento e intentó usarlo contra el Gobierno Nacional. Queremos darle una mano a Hugo Biolcati que anda un poco flojo en historia.

Pocos argentinos han cargado sobre sus espaldas tantas y contradictorias adjetivaciones como Domingo Faustino Sarmiento.

Desde “padre del aula” hasta “vende patria”, pasando por la que le venga a la memoria o concuerde con la posición ideológica del lector, la lista es amplísima. Como toda visión interpretativa del pasado se establece desde el presente, en el caso de Sarmiento se ha llegado a la paradoja de que con diferencia de pocos años los mismos sectores sociales que hogaño lo atacaban pasaron luego a ungirlo como ejemplo a seguir en virtud de cambiantes coyunturas.

Domingo Faustino Sarmiento no era estanciero. Fue en su larga vida muchas cosas, pero nunca estanciero. Pese a ello desde joven fue un entusiasta investigador de las cuestiones agrarias. Tuvo siempre el convencimiento de que para desarrollar el país había que limitar previamente el poder de los latifundistas ganaderos. La estrategia adecuada para acotar tal poder pasaba por transformar el desierto pampeano en un vergel agrícola de pequeños propietarios de origen inmigratorio europeo.
Es que como afirma Natalio Botana, Sarmiento tuvo la permanente convicción de que la agricultura estaba entrañablemente ligada con la civilización republicana. El oficio de agricultor conformaba la reserva de virtud más genuina para abastecer a una república con bienes materiales y espirituales, para colmar ese espacio con abundancia de productos y con ciudadanos autosuficientes.

En el Plata, éste era una suerte de mundo feliz en prospectiva al cual hostigaba el pasado criollo de la barbarie ganadera. Insolente y atrasada, “la industria pastoril del ganado semoviente” impedía la radicación del habitante en el suelo y con ello la formación de municipios. Sarmiento se consideraba un agricultor y no soportaba al hacendado pampeano. Un día le dijo a un estanciero: “toda su respetabilidad la debe a la procreación espontánea de los toros alzados de su estancia”.
Tal comentario es solo una muestra de su permanente crítica a la clase terrateniente porteña. Veía en el régimen de tenencia monopólica de la tierra no solo una distorsión fiscal y económica, sino un problema básicamente político.

Una vez más vemos como a la Sociedad Rural Argentina no se le cae la cara de vergüenza al tergiversar los pensamientos de Sarmiento  para alimentar un discurso espurio y mal intencionado. Critican un modelo nacional y popular olvidándose que cuando ellos gobernaron lo hicieron mediante el fraude o lamiéndoles las botas a los milicos de turno.

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