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"Vengo a la política para honrar el apellido de mi padre, no para hipotecar el de mis hijos."
F. Randazzo

martes, 17 de mayo de 2011

El peligroso viento de cola.

por Fernando Ojeda

Se ha hablado mucho del "viento de cola" que ha tenido el mercado local en los últimos 8 años a partir de la mejora de los precios agrícolas mundiales. Lo que no se dice es el riesgo que esto conlleva para una economía como la argentina. La forma en que el Gobierno ha administrado la economía nos permitió tener no solo un campo en plena producción sino también una industria creciente y generadora de trabajo.

Vamos a analizarlo despacio, para que se entienda.

Se conoce como la enfermedad holandesa al efecto que tiene sobre el tejido industrial de un pais la sobreabundancia de recursos naturales. Se refiere a la caida de la producción industrial y del trabajo en holanda en los '70 cuando se descubrieron yacimientos de Gas y comenzó a exportárselo. Al ingresar una cantidad muy abundante de divisas (dólares) por la exportación de estos recursos el precio del dólar se desploma y los productos industriales hechos en el país se hacen más caros, en terminos relativos. La consecuencia en el corto plazo es que se destruyen puestos de trabajo industriales y el sector agroexportador no puede absorberlos, generando desempleo. En el caso Argentino es aún peor ya que el recurso son productos alimenticios, por lo que además el aumento del precio internacional sube el costo de vida interno.

Los neoliberales hablan del "libre juego del mercado" y piden que el Estado no intervenga para regular precios. Sin embargo se olvidan que esta "competitividad" del sector primario no es consecuencia del esfuerzo de los empresarios sino de una productividad natural del recurso explotado (en este caso la tierra). Si todo un país pudiera vivir de dicha productividad quizás tendríamos el futuro solucionado, pero no es así. Por un lado las industrias primarias no pueden dar suficiente trabajo a la población, mucho menos trabajo calificado. Esto genera amplias brechas en la distribución. Le pasa a los países petroleros y nos pasó a nosotros cuando eramos "el granero del mundo", cuando teniamos el 7mo PBI más grande del mundo pero nos sobraban los pobres por todos lados mientras nuestra clase terrateniente vivia 6 meses del año en Francia. El otro problema, no menor, es que los precios de los productos primarios se determinan donde se consumen. Es decir, en el extranjero. Cuándo hay mucha demanda los precios son altos, pero cuando la demanda cae y el precio se desploma no tenemos con que seguir importando los bienes que la industria ya no produce. Como nos pasó en las dos guerras mundiales, en la crisis del 30 y en la posguerra del 45 al 60.

En resumen, la industria argentina no es ineficiente. La industria argentina suele estar atacada por un dolar artificialmente bajo. El gran peligro del "viento de cola" como lo suelen llamar es convertirnos en un país sojero con un 10% de la población rico y un 90% sin la menor posibilidad de progresar. Quienes representan estos intereses no tienen problema en tergiversar la verdad para defender la renta extraordinaria que pueden extraerle al país.

Cuando el dólar esta artificialmente bajo ninguna actividad industrial se salva, ni el complejo agroindustrial. Como ejemplo, la Argentina paso de producir más de 20.000 tractores anuales en los '70 a menos de 1.000 en los '90. Y no fue por falta de campo.

El tema es complejo, si se presentan dudas déjenlas como comentario y trataremos de contestarlas.

1 comentario:

  1. Cuando Macri o Duhalde se sacan una foto en la sociedad rural y hablan de intervencionismo estatal lo que estan pidiendo es anular las retenciones (que es un impuesto a la devaluacion sostenida por el central) y dejar flotar el dolar, que se iria a 2,5 aprox. De esta forma los sojeros embolsan dolares enteritos y se corta la distribucion de esa diferencia para planes sociales, desarrollo de la industria u obra publica. De esta forma, la poblacion empobrecida es mas propensa a ser esclavizada, como tanto les conviene a los terratenientes.

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