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"Vengo a la política para honrar el apellido de mi padre, no para hipotecar el de mis hijos."
F. Randazzo

lunes, 11 de abril de 2011

Lupo, Flaco, Pingüino, Néstor Kirchner presencias del dolor


Alberto Sladogna, psicoanalista
El miércoles 27 de octubre del 2010 murió un amigo: el Lupo,  el Flaco, el Pingüino, Néstor  era también conocido como Néstor Kirchner ex presidente de Argentina. Un amigo, si, lo era pues era un tipo de la calle, caminaba un día antes por su tierra natal sin custodia, compartía un café con los parroquianos. Un amigo,  un abrazo en la Biblioteca Nacional dialogando tuteándolo, tuteándonos, siendo tuteado, interrogado, cuestionado por sus acciones y por su actividad. Otro amigo, Alex lo interroga: ¿No consideras que, a veces, algunas de tus decisiones producen estos efectos o que son una parte de efectos no queridos?

 
La oposición a la política agraria propuesta por la  presidenta Cristina Fernández de K, apoyada por Néstor, hacia cacerolazos. Una fotografía muestra a una señora  de las Lomas o de la Recoleta o de Santa Fe o de Garza García  que lleva a su empleada domestica quién se encarga de golpear la cacerola. Sus propietarios las desechaban por los golpes recibidos, eran instrumentos  de marca con un elevado costo, luego much@s ciudadan@s las recogían, se las llevaban a sus hogares.
Ante la pregunta de Alex  se hizo un breve silencio, Néstor lo rompe: “Mira, estamos bajo el fuego de una guerra… (se hace un silencio que corta el ambiente) mediática. Los medios son los fierros –armas- de esta nueva clase de guerra. Luego, el Pingüino añade “Uno de los efectos de la política neoliberales fue el lavado de cerebro,  e instalaron la ausencia pensamientos…cuando solicitamos gente para los puestos de gobiernos aparecen cuadros formados en la escuela de Chicagos”.
Néstor: el día miércoles
El día miércoles algo ocurría en mi cuerpo,  la noticia fue –y es- de tal intensidad que sólo el cuerpo lo registraba, las lágrimas no dejaban de aflorar, la congoja provoca encierro, entonces, uno sale a la calle a respirar, de pronto, al lado, a los costados, adelante, gente llorando. Estábamos ante algo desusado: se compartía el dolor y las lágrimas ante la muerte de un político Néstor Kirchner. El duelo no era individual ni era de masas era un dolor compartido.
¿Cómo es posible que la muerte de Néstor provoque algo de esa dimensión?  Si, en efecto Néstor Kirchner era un político, la política era la causa de su pasión. Cuando alguien se dedica a lo que le causa su deseo  apuesta, hay riesgo, se da una apuesta que incluye jugar lo único que se tiene, el cuerpo. El deseo  de hacer lo que a uno le gusta no se lleva con el cuidado, salvo el cuidado de hacer lo que se tiene ganas de hacer, eso es otra cosa. La noche anterior a su muerte se fue a dormir tarde, después de su larga habitual jornada. Se dice ¿Cómo no se cuidaba? si ya había sufrido varias alertas cardiacas, la más reciente, no hace más de un mes. 
En esas situaciones las supuestas medidas de cuidado no operan prescriben que deberían operar  ¿Cómo alguien, Néstor, iba a cuidar su vida y dejar de lado la causa de su pasión? Quizás, se lanzó hacia adelante, tomó en serio esas alertas, decidió hacer lo que quería en el tiempo que le restaba, en lugar de cuidarlo se dedicó a vivir ese tiempo intensamente.
El tiempo luego de una alerta corporal delicada (¿Habrá alguna que no lo sea?); esa alerta abre  interrogantes sobre el tiempo por venir  ¿Se lo dedica al cuidado de lo que se quiere hacer?; ¿Se lo dedica al cuidado de vivir dejando de hacer lo que se quiere hacer? Si se cuida la vida sin hacer lo que se quiere ¿Será eso una vida para quien siente en su cuerpo el fuego que causa su pasión?
Los medios masivos se atreven a dictaminar  desde  su bien, insinúan que Néstor no se cuido. Dictamen raro pues a Néstor le hacía bien hacer  eso que le gustaba –la política-, eso lo mantenía con vida. La vida se vive hasta que se vive, si alguien opta, con derecho y justicia, por cuidar su vida, sabe que  al optar por cuidarla, su apuesta cambió, ahora se arriesga a mantener la vida. Por amor a la vida se arriesga a mantener lo que no tiene: la vida. Nadie tiene propiedad ni autoridad, ni decisión sobre la vida con la muerte de la vida. No hay recetas preestablecidas ante esas opciones vitales.
¿Por qué   mi cuerpo fue tocado por la muerte de Néstor Kirchner? La muerte de la vida con la muerte es un hecho fuera de previsión. Nadie sabe cuando lo traen a este mundo; nadie sabe,  advertencias incluidas, cuando nos sacan de este mundo. La llegada de Néstor Kirchner a la vida política de Argentina y de América Latina fue un hecho inesperado, no se lo esperaba, al contrario los tiempos auguraban la reiteración de lo mismo.  Néstor Kirchner llegó al gobierno con sólo 22% de los votos, mientras la tasa de desempleo en ese momento era cercana al 28%, tuvo menos votos que los desocupados, llego cuando resonaba en las calles –y aún las recorre- aquello de  ¡Qué se vayan todos!
No se lo esperaba, no se esperaba nada de él.  Acaso alguien,  antes de que lleguen, esperaba algo de Lula, de Evo, de Mujica, de Chávez, de Correa, de Cristina o de Amlo antes de llegar a  la jefatura del DF. Lo dudo. Pese a ello, Néstor llegó e hizo lo que hizo. Así como llegó la vida de la muerte de la vida se lo llevó cuando no esperábamos.  Nosotros también pasamos por alto las advertencias .En eso no estuvo solo. Coincidencia trágica: llego sin anunciarse y se fue a otro a vida cuando ese colectivo tampoco lo esperaba. La vida con él no fue un paraíso: era feliz, tensa, dura, cómica, alegre y triste, cada cosa en su justa desproporción. Ese heteróclito conjunto algo muy pequeño: era vivible.
Se dice de Néstor, del Pingüino, de Lupo, del Flaco, se dice  que tenía dinero, si, es cierto, tenía dinero producto de su actividad profesional como abogado en un despacho  junto con su mujer; si, es cierto, hizo inversiones con ese dinero, obtuvo réditos, compró propiedades. Si fue gobernador y negocio con el poder de turno, si, es cierto; en su gobierno  y en su actual política dialogo con políticos, sindicalistas corruptos y gobernadores corruptos  ¿Quién ha dicho que la política sea una actividad santa y de santos?  Néstor Kirchner no fue un santo por eso afecto mi cuerpo y el cuerpo de otros; gracias a no ser un santo, su muerte es para mí, la muerte de un amigo. Los santos no tienen amigos pues como santos no pueden tenerlos.
Una amistad no es complicidad, al contrario, se forja con lo que se tiene y con lo que viene, no se la forja sobre la base de ideales inalcanzables, los ideales impiden la amistad, los ideales están sólo en el cielo, muy lejos del infierno terrenal de la vida cotidiana donde los amigos habitan. Esos ideales han dado lugar  a escuchar en Argentina otra vez el grito de ¡Viva la muerte!  para festejar que se llevó a Néstor. Quienes profieren ese grito, hacen chistes sobre el amigo muerto sin ir al sepelio, ni participar de sus honras fúnebres ¿Qué le ofrecerán al colectivo si llegasen al gobierno o peor aún, si logran desplegar su poder? Los que no tienen vela en este entierro nada tienen que hacer allí, ni decir nada sobre esa muerte que les es ajena. Quizás no tan ajena pues cacarean sin asistir al funeral o asistiendo desde afuera, el Pingüino no deja de tocarlos.
Ese grito tiene formas muy diversas de hacerse presente, apareció también en los medios –prensa escrita, radial y en la TV- no sólo de Argentina también  se lanzó en otros lugares, aparece vestido con las ropas la pureza ide(al)eológica, por ejemplo, ayer  en una columna del periódico La Jornada o en textos de la revista Proceso.
Si, en efecto murió un amigo, el Pingüino, Lupo, Flaco, Néstor no era un santo, era tan impuro como quien esto escribe, ambos –juntos con otr@s- disfrutamos de vivir, y hacerlo en lo políticamente incorrecto.
Elevar a Néstor, al Pingüino al lugar de un santo, es algo que algún@s much@s o poc@s requieren, sólo que esa elevación conspira e impide hacernos cargo de realizar aquello que esa vida dejo sin realizar pues para realizarlos es necesario vivir un poco lejos de la pureza y la santidad.
La vida es injusta se dice, Néstor tu muerte lo  testimonia. Se dice en la calle, lo escuche en tu sepelio ¡Cómo es posible los buenos se mueren, los malos como Videla –el dictador- sigue vivo! Esa constatación es atractiva, al leerla con detenimiento aparecen interrogantes: ¿De dónde se dictamina que la continuación de la vida  sea un beneficio? Sera así, quizás sí, pero  también  pregunto: Y si esa prolongación ¿Fuera la condena que le toca a Videla por haber hecho –y seguir haciendo- lo que hace?
Néstor, es muy duro, es mucho dolor seguir, ahora de otra manera la amistad con vos, de miles de formas y estilos, claro que tampoco será sin esa sonrisa picara que seguís brindando estés donde estés viviendo ahora. Quizás, te conviene tomar un descanso, algo así como tratar de tomar el tránsito de un lugar a otro, tómalo como un descanso, así cuando llegues seguirás alborotando la vida de quienes vivimos en lo políticamente incorrecto.

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