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"Vengo a la política para honrar el apellido de mi padre, no para hipotecar el de mis hijos."
F. Randazzo

martes, 12 de abril de 2011

El racismo, una barbarie civilizada ¿Una nueva normalidad?



Alberto Sladogna, psicoanalista

Cuando se anuncia por el altavoz que se ha perdido un niño, siempre pienso que ese niño soy yo.
Ramón Gómez de la Serna

Francisco Domingo Avalos, “sacerdote” o “predicador” o “pastor” de una comunidad religiosa en la localidad de Merlo, Prov. de Buenos Aires, ha sido acusado de haber perpetrado o mantenido relaciones sexuales con mujeres, en particular, varias de ellas menores y otras de edad adulta. Las actividades sexuales eran con el fin de procrear descendencia ante la inminencia del apocalipsis. La causa se inicio en 1998, en el año 2011, trece años después Avalos reaparece en la escena pública gracias a un fallo respecto de sus actividades (cfr.: Página 12 en http://bit.ly/fOINv8 ; El día enhttp://bit.ly/hOHBBW )

El diputado Raúl Pérez hizo pública su posición ante un fallo de la Sala I del Tribunal de Casación de la provincia de Buenos Aires: “El fallo es vergonzoso porque le otorga menor pena a un violador por las condiciones sociales de las víctimas (ver en http://bit.ly/elxqsb )”

El psicoanálisis sólo tiene por objetivo analizar, no incluye elementos para justificar la vida y los actos de los humanos. Así quien ejercer tal o cual acto sexual o erótico responderá como ciudadano ante las leyes de la sociedad donde ha ejercido esas actividades. Tener una actividad erótica tiene consecuencias que no son dispensadas, ni disminuidas, en sus alcances, en nombre de tal o cual “deficiencia” o por padecer de tal o cual “psicopatología”. Las leyes de la sociedad son reputadas como conocidas por sus habitantes, frente a ellas no se puede alegar falta de información.
En este caso analizaré sólo el argumento del Tribunal que condujo al diputado Raúl Pérez a solicitar un juicio político contra los jueces Horacio Piombo y Benjamín Sar Llagués para que se investigue si hubo “mal desempeño de sus funciones”. La solicitud fundamenta su pedido en que los jueces mencionados redujeron la pena al “pastor” argumentando “el nivel social” de las víctimas.
 

Propongo analizar el argumento de los jueces. Los temas del “nivel social” o “las limitaciones culturales de las víctimas” o que las “patrañas” seductoras del “pastor” serían “increíbles con individuos de otras extracciones sociales” constituyen el corazón argumentativo de los magistrados. Las frases citadas están disponibles en http://bit.ly/gi6STH . Advierto al lector que tomo sólo ese rasgo, si se quiere parcial de la cosa juzgada, dejaré de lado el tema de la actividad sexual o erótica.
Un método: leer al pie de la letra

El psicoanálisis tiene varios métodos para hacer un análisis: la interpretación, la lectura, la búsqueda de ocurrencias. En este caso haremos empleo del método de lectura: leer no es interpretar; leer implica tomar sólo en consideración las letras de lo que está escrito. En el caso de esta resolución jurídica contamos con un hecho que habilita la lectura psicoanalítica: leemos documentos públicos al alcance de la ciudadanía. Leer es analizarlos siguiendo al pie de la letra su escrito[1]. Sin duda la letra mata, mientras que el espíritu vivifica ¿Cuál es la letra en juego? ¿Qué espíritu toma vida en esas letras escritas por los magistrados?

Racismo civilizado: Cultura, pertenencia social

Los jueces con su argumento sostienen la letra de su verdad, una verdad de los jueces: Introducen como argumento civilizado la barbarie de un racismo. ¿Cuál? Para responder tomo las palabras de Slavo Zizek: “La forma más pérfida de racismo hoy en día no es el odio a los “otros”, sino la falsa celebración de los “otros”. Un verdadero racista viene y dice “¿Por qué quieren acoplarse a la modernidad si ésta es corruptora? ¿Por qué no regresan a su antigua sabiduría indígena?” Veamos está operación literal en el argumento de los magistrados.

El fallo reitera que las maniobras del “pastor” fueron eficaces debido a las “limitaciones culturales de las víctimas”. El “sacerdote” o “predicador” informaba de la proximidad del fin del mundo, para hacer frente a ese evento era necesario que esas mujeres sostuviesen relaciones sexuales con él destinadas a la procreación. Según los jueces: “... patraña increíble con individuos de otras extracciones sociales.”
Estas consideraciones no encuentran ningún sostén en el estudio del caso o en los estudios de comunidades “religiosas” semejantes a las descriptas. Corresponde preguntar ¿Cómo se establece una limitación cultural? ¿Cuál es el criterio que permite indicar que tal conducta o acción revela una limitación cultural?
Los magistrados muestran un moderno prejuicio racial de forma encubierta. Si, está en la cubierta, en la superficie de su argumento: la “limitación cultural” es creer una “patraña” ¿Cuál? El anunció del fin del mundo y un remedio ante el mismo, ser fecundadas por él. Los jueces no toman nota de algo perteneciente a su sector social.
Si tomamos los anuncios sobre el calentamiento global efectuados por Al Gore, anuncios apocalípticos sobre sus consecuencias; anuncios efectuados con aportes de científicos, filósofos, magistrados. Anuncios que han sido cuestionados por las “patrañas” incluidos en los mismos (Cfr.:http://bit.ly/i4K0KF ) ¿Cuáles serían las “limitaciones culturales” de los que creemos en los anuncios de Al Gore?

Por analogía ¿Cómo es que los jueces establecen sólo para esas mujeres una “limitación cultural”?
Nótese una coincidencia que va de la ironía a la tragedia: Al Gore no es un hombre de ciencia, se presenta como el “sacerdote” del “calentamiento” global, de manera semejante a los títulos de “predicador” o “pastor” o “sacerdote” que se atribuye Avalos o que le han atribuido ¿Cómo fue que Avalos llego a tener esos títulos? 

Los jueces dan a conocer las bases de su argumento: “Entiendo que todos los delitos que se edifican sobre conceptos sociales o culturales, sufren el impacto de la transformación del significado que tales entidades del lenguaje sufren con el correr de los años.”
Si, en efecto el lenguaje cambia y con eso cambia la constitución de los gustos, de las acciones, de las conductas que son admitidas o que son rechazadas. Una de las instituciones que el lenguaje cambio fue la visión sobre las comunidades organizadas de forma diferente a la vida cotidiana de quien las estudia o las investiga o en este caso de quien las somete a la justicia.

Uno de los temas que el lenguaje ha cambiado es que quien investigue a otras comunidades debe aceptar que se enfrentará a formas de organizar la vida que no son las formas o los métodos o las conductas que organizan la vida del investigador. Los jueces no parecen respetar esta cuestión pues ellos introducen un sistema de calificación que descalifica de forma extraña las acciones de otros, en particular, esto es lo más extraño: las acciones del “pastor” quienes resultan beneficiadas por ese juicio calificatorio. El Yo de esos magistrados opera identificado con el Yo del pastor Avalos.
Enfrentar a las comunidades de la diversidad requiere ciertas operaciones que dejen de lado nuestros pre- juicios, mismos a los que atribuimos un carácter normal y natural. Este hecho fue demostrado hace ya un cierto tiempo por la “Carta a una Maestra. Los alumnos de la escuela Barbiana”, un caso que los jueces no parecen haber leído para sus considerandos.
Los autores de esa carta eran niños expulsados de sus escuelas pues tenían “limitaciones culturales” que les impedían tener acceso a la cultura ¿A cuál? El impedimento eran las “patrañas” en las que vivían, mismas que “eran increíbles con individuos de otras extracciones sociales”[2].

“Carta a una maestra…” es un clásico de la pedagogía y de la sociología italiana de mediados del siglo XX. Escrito con ironía y con dolor por chicos que habían vivido en su propia carne la injusticia de una escuela clasista, que les dejaba fuera del "sistema". Finalmente "salvados" por la escuela de Barbiana, una aldea montañosa cercana a Florencia, dirigida por un cura, Don Milano, que no excluía a ningún muchacho, les hacia estar orgullosos de su cultura. Ese texto está dirigido, lo dice su dedicatoria, a magistrados y juristas.

Si, el núcleo esa “Carta a…”es introducir una novedad: Gracias al lenguaje, las culturas y los usos y costumbres de cada cultura o sociedad o de cada componente de una clase social no son limitaciones, sólo son diferencias. Una diferencia es sólo eso, ni más ni muchos.

La cuestión está en el detalle, allí es donde los jueces deslizan una operación encubierta: incluyen en las diferencias una valorización a la que atribuyen “limitaciones” que las mujeres afectadas sufren y al “pastor” le otorga un Bill de indemnidad: cómo es una costumbre “limitada”, entre ellos, entonces, él no hizo nada que afecte a la ley que opera sobre el conjunto de la sociedad.

Los magistrados Horacio Piombo y Benjamín Sar Llagués transforman una diferencia en desvalorización:
Lo hecho por el encartado, tener relaciones con mujeres que viven en comunidades en las que el nivel social acepta relaciones a edades muy bajas; que, además, poseían experiencia sexual –incluso en yacer con otros hombres- y respecto de las cuales también operó el ejemplo brindado por otros sujetos para convencerlas de tener sexo natural con el objeto de estar en condiciones de concebir un hijo... Propugno, entonces, su extrañamiento del ámbito calificatorio”.
Los jueces mencionados propugnan “su extrañamiento del ámbito calificatorio” ¡Qué extraño! Su fallo se basa en una calificación literal: “el nivel social acepta relaciones a edades muy bajas” ¿Qué se califica con la expresión “el nivel social acepta”? No es eso un adjetivo calificativo basado en la suposición que atribuye al “nivel social” tal acción o conducta.
Los jueces han dado a luz a un monstruo teratológico: “el nivel social” que piensa, acepta, rechaza, reparemos no se menciona a las mujeres de carne y hueso que han vivido esa experiencia, son reemplazadas por un ente abstracto “el nivel social” cargado de forma encubierta por un pre- juicio. Los jueces no escriben “el nivel social al que ellas pertenecen”; su frase “el nivel social” las elimina de la pertenencia que se les atribuye.

Se comete un perjuicio basado en sus pre juicios dictaminando un juicio, que quizás, les fue dictado por su nivel social –el nivel social al que pertenecen esos jueces- que considera que quienes viven en otro nivel son limitados. Sí, así resulta que esas mujeres son limitadas por ese nivel y al mismo, tiempo ese nivel social convierte en carentes de límites las acciones del pastor Avalos.

[1] Leo Strauss, desplegó la diferencia entre leer e interpretar. Este filósofo escribió un texto que fue la brújula de Jacques Lacan, psicoanalista francés. Cfr., Leo Strauss en La persecución y el arte de escribir, Amorrurtu Editores, Buenos Aires, 2009.
[2] El texto integro está disponible en http://bit.ly/hpzOBt .

2 comentarios:

  1. ¡que lastima que tu comentario sobre el psicoanalisis sea tan pobre y equivocado tenes que averiguar mas, leer mas y luego publicar, de este ,odo si te lee un entendido lo que haces es pasar verguenza y reirse sobre lo que te hacen decir
    lee escuidriña mas, es ridiculo lo que decis
    Dios te ayude e ilumine tu pobre mente

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  2. Danielito, antes de hablar porque tenés boca (o tipear porque tenés dedos) deberías aprovechar que también tenes Google y fijarte quién es el autor de la nota. Digo, para no quedar pagando.

    Yo por las dudas te google a vos y sos exactamente lo que me imaginaba. Adios.

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