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"Vengo a la política para honrar el apellido de mi padre, no para hipotecar el de mis hijos."
F. Randazzo

martes, 29 de marzo de 2011

Clarín y "su" libertad de expresión...

Por Claudia Gantus


En los últimos años, y con modificaciones que año tras año van profundizando un rumbo, puede verse en nuestro país un cambio de paradigma con respecto a las políticas públicas. El Estado ha asumido un rol protagónico, generando acciones que garantizan el estado social de derecho. Y digo estado social de derecho, lo que significa ir mucho más allá del estado formal de derecho que garantiza toda democracia a través del voto. Estado social de derecho significa que las políticas están orientadas por un proyecto que garantiza los derechos económicos sociales y culturales. Y esto es sustancialmente mucho más que cumplir con los derechos civiles de elegir y ser elegido a través del voto. Y esto está. Las políticas públicas se han orientado en este sentido, tanto desde la generación de planes y proyectos destinados a satisfacer necesidades básicas, como desde la discusión, elaboración y sanción de leyes que transformaron sustancialmente el marco legal en el que se desarrolla la vida de los ciudadanos.
En este nuevo paradigma, son ejes constitutivos la AUH, la Ley de Servicios Audiovisuales, la Ley de Matrimonio Igualitario, la derogación de las Leyes de Obediencia Debida y punto final, la reapertura de causas contra los represores y su condena, lenta pero efectiva, la administración por parte del estado de los fondos jubilatorios, el futbol para todos, y más. Todas medidas altamente discutidas, sobre todo desde los medios de comunicación. Un discurso cuestionador que muchas veces ha sustentado su cuestionamiento en las formas, los tiempos, los modos… y casi nunca en los fundamentos que dan sentido a cada una de estas medidas. Solapadamente intentan disimular su profunda irritación, ya que quienes tienen la voz en los medios ven perder de a poco su situación de privilegio. Y cuando hay privilegios, hay otro que padece. Los privilegios son la garantía de la persistencia de una situación de desigualdad.

¿Qué es lo que se pierde? ¿Quiénes pierden? ¿Dónde está la voz de todos los ciudadanos que se ven afectados positivamente por cada una de estas medidas? Porque ahí aparece otra alerta. Es tal la influencia que los medios de comunicación tienen en la creación de un imaginario social que los mismos beneficiados por algunas de estas medidas de gobierno no pueden percibir su incidencia. De modo que el discurso conformado por esa voz de poder, es duplicado y multiplicado hasta el infinito sin reflexión alguna. Peligro.
Este fin de semana, para algunos, salió a la luz el conflicto gremial de los trabajadores de Clarín. Hace años que la empresa impide la actividad gremial, despide a los delegados, y niega sistemáticamente todo diálogo con los trabajadores de la planta gráfica. Mientras tanto, consolida un séquito de voces unicordes que reproducen su discurso de poder. Porque, ¿qué otra cosa son sino mediocres mercaderes de la palabra, todos estos periodistas que, en pos de la libertad de expresión, quieren que se escuche una única voz?

El obstinado intento de confundir la libertad de prensa con la libertad de empresa, que sirve a los intereses de sus dueños es muestra clara. Lo que impidió la salida del diario del domingo fue un conflicto gremial. La voz de los trabajadores organizados es una voz constantemente silenciada por el Grupo Clarín, secundados por la SIP (Soc. Interamericana de prensa) y ADEPA (Asoc. De Entidades Periodísticas), quienes no dudan en avalar las políticas monopólicas que, entre otras cosas, impiden la aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales. La negativa al reordenamiento de la grilla de canales, que ubica a TN en un lugar estratégico, la censura a los canales Paka Paka y Telesur, la tergiversación de los datos y manipulación de titulares, zócalos en tv, micros informativos, la constante publicación de noticias sin fuente, que transforman el contenido del diario más en un pasquín opinativo que en un reflejo de la realidad, no parecen despertar ninguna sospecha sobre la libertad de expresión.
Será tal vez Eduardo Galeano, en una entrevista del 2009 en Telesur, el que nos de alguna idea de respuesta: A veces se confunde la 'libertad de expresión' con 'la libertad de presión'; o se le reduce a la voluntad de grupos de empresarios que deciden qué noticias existen y qué noticias no existen. Entonces lo principal para abrir un espacio nuevo que sea de veras una respuesta democrática a ese totalitarismo que confunde la comunicación con un negocio (cuando la comunicación es en realidad un derecho humano, no un negocio) lo más importante es que esos espacios nuevos sean de veras abiertos, que no sean "Miedos de comunicación" sino Medios de Comunicación, donde se escuchen voces diversas, donde haya plena libertad para que la comunicación sea Comunicación DE VERDAD". Fuente: Entrevista "Telesur", 2009.

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